Testimonio: Cajón Negro

jun 06, 2011 Deja tu Opinión! por

Se puede llegar a Villa La Angostura a través del camino de los Siete Lagos o recorriendo la ribera norte del lago Nahuel Huapi desde la cercana ciudad de San Carlos de Bariloche; sea como sea el paisaje se abre paso a nuestra percepción. Lagos y bosques nos narran antiguas historias, murmullos de agua cristalina nos acercan a esa nueva y excitante realidad donde dejamos atrás pasado y futuro y casi sin darnos cuenta experimentamos el presente. El aquí y ahora del sol tibio y la voz del viento suave, el aroma dulce de la retama y la frescura que prometen los pinos. Una serie de sensaciones agradables que nuestro cuerpo vive mientras nuestra mente calla.

Cajón Negro

Villa La Angostura es una hermosa ciudad de montaña que aun guarda la tradición de madera y piedra de cuando no era mas que una pequeña aldea. Rodeada de fabulosos lagos, su nombre y ubicación están entrelazados ya que se asienta en la península de Quetrihue que significa “bosque de arrayanes” y que no es otra cosa que un caprichoso istmo que se adentra en el lago Nahuel Huapi.

El parque Nacional Los Arrayanes contiene uno de los bosque mas importantes de este tipo árbol, el arrayán, debido a su masa forestal que lo hace único en el mundo.

A escasos kilómetros de Villa La Angostura se encuentra la Comunidad Mapuche Paichil Antriao y es a partir de allí que comenzamos el sendero que nos llevará a la cascada Inacajal y luego al Cajón Negro.

Al poco de comenzar la andadura por las estribaciones de la montaña el bosque se hace dueño del paisaje y limita nuestra mirada para mostrarnos a los impresionantes coihues con sus frondosas copas perennes y las raíces reptando al ras del suelo.

La base de piedra y la arena volcánica que componen el sustrato no dejan que estos gigantes penetren en la tierra por lo que es usual ver caídos a muchos de ellos, verdaderos obstáculos en la profundidad del bosque.

Cascada Río Las Piedritas

La humedad que se percibe en el ambiente nos indica que estamos cerca del rio Las Piedritas, y pronto su murmullo se convierte en verdadero rugido a medida que avanzamos. Durante un tiempo iremos por su ribera disfrutando de los pájaros carpinteros que pueblan la zona. Estas aves son monogamas y la pareja usualmente esta con su compañero/a a la búsqueda de gusanos en las cortezas de los notofagus. Mientras que el macho tiene un esplendido plumaje negro y su cabeza de color rojo, la hembra es de un color azabache en la totalidad de su cuerpo.

El camino es arduo, pero los aromas del bosque y el paisaje nos revitalizan.

Cuando vemos por primera vez la cascada Inacajal es una larga cola de caballo que cae unos cincuenta metros a las profundidades del barranco que aloja al rio.

Sin embargo un poco más arriba se encuentra otra caída de agua mas pequeña que nos permite descansar y refrescarnos en su ojo de agua cristalino.

Solo estamos a mitad de camino hacia el Cajón Negro y el paisaje cambia de manera gradual, casi imperceptiblemente y asistimos a un escenario extraño. Una porción de bosque de árboles blancos, muertos que parecen fantasmas de madera.

Lago Nahuel Huapi

A medida que subimos, el bosque comienza a despejarse de arbustos y los árboles empiezan a tener menos envergadura. Nos acercamos a la Línea arbórea el limite al partir del cual el crecimiento de los árboles se detiene ya sea por las temperaturas frías, la falta de presión de aire, la falta de humedad o las condiciones del suelo.

Llegamos al Cajón Negro, un anfiteatro natural flanqueado por el cerro Belvedere. Las inmensas paredes de la montaña configuran un caprichoso valle con forma de semicírculo, fértil espacio donde un bosquecillo aislado nos provee de sombra fresca. Corros de piedra indican viejas fogatas, compañía de caminantes o pastores indígenas.

En el valle, encerrado por las estribaciones graníticas, corre un pequeño río alimentado por el deshielo en verano y que hoy solo es un estrecho hilo de agua transparente y fresca. Las aguas nutren un mallín que le proporcionan el pasto verde y corto de los característicos valles de montaña que nos invita a sentarnos y descansar.

Lago Correntoso

En el regreso optamos por ascender un poco más, hasta la cima del cerro Belvedere desde donde se dominan los lagos Espejo, Nahuel Huapi y Correntoso que tiene una extensión de 27 km2 y aun asi no es el más grande de ellos. El camino supone un esfuerzo añadido por que hay que salvar un repecho de piedras antiguas esculpidas por la erosión, el viento y la lluvia dibujan suaves curvas quizás para contrarrestar el salvaje nacimiento de la montaña, debido posiblemente a violentos choques tectónicos.

La brisa, por momentos racheada, nos sugiere regresar y asi comenzamos a descender sin dejar de ver las montañas reflejadas en el lago mientras el sol nos calienta suavemente.

Autor: Gustavo Guzmán

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