¿Un desierto en plena Patagonia Andina? Descúbrelo

jun 13, 2011 Deja tu Opinión! por

Me habían comentado sobre la existencia de un desierto, a 2500 metros sobre el nivel del mar con dunas impresionantes, fumarolas y aguas termales; pero mi imaginación no logró prepararme para lo que encontré. Uno de los lugares más impactantes que he conocido y más aún….un auténtico lugar mágico donde conecté plenamente con la madre tierra.

Camino a desierto andino en Puyehue

Me dirijo hacia El Caulle para subir hasta el refugio, que a 1400 metros de altura es el paso obligado antes de ascender al cráter. Mi intención es seguir el sendero rodeando el volcán en dirección Oeste hasta llegar a las aguas termales que se denominan “Los Baños”.

Recordaba, del viaje anterior, lo arduo de la subida. Pero en esa ocasión la difícil tarea les había tocado a los Caballos.

Luego de una linda llanura donde las bandurrias pasean tranquilamente en busca de insectos que comer y las vacas te miran con esa mezcla de curiosidad e indolencia, comienza una breve subida que te lleva a otra plácida pampita. En ese lugar un gran coihue es abrazado en un rapto de amor asfixiante por una celosa enredadera, no sabe que en la muerte de él está la de ella. No es lo único que existe en la zona pero me recuerda que portentoso y vulnerable son atributos que pueden estar juntos en la vida.

Por fin comienza la “verdadera” subida, una pendiente que nos lleva un poco más de tres horas a Kevin y a mi hasta alcanzar el refugio más o menos a 1400MSNM. Kevin es de estados unidos, según se define, y tiene a su familia en New Jersey, aunque hace un año que vive en Santiago de Chile dando clases de inglés. Enamorado del idioma español después de una temporada en España que incluyó unas Fallas que lo dejaron alucinado ¿y a quién no?

Minerales volcánicos Puyehue

Me resultó muy agradable su compañía y charlamos de muchos temas referidos a su país: Bush y su terrible gestión, la esperanza que significa Barack Obama y hasta sobre las críticas sociales que hace Michael Moore en sus películas y libros. Nada, lo normal cuando subes una montaña con un montón de kilos a la espalda y te esperan unas horitas sudando la camiseta!

Llegamos a la hora ideal para una siesta, así que luego de montar la tienda me entregue a los brazos de Morfeo con la firme convicción que me lo tenia merecido.

Kevin luego de un descanso inició la subida al cráter, yo lo dejaría para la mañana siguiente porque sería parte de mi camino a las aguas termales.

Desierto andino patagónico PUYEHUE

Esa noche, luego de la cena, tomé de la naturaleza uno de sus mejores ofrendas. Puse mi saco de dormir al revés y con la cremallera abierta de la tienda disfruté de la noche cordillerana plagada de estrellas y una luna majestuosa vagando por el cielo. Me perdí en él. Me dejé llevar por cada guiño cómplice de pulsares y novas, caí literalmente en ese vacío que no es tal, en esa oscuridad en la que nuestra imaginación ancestral encontró preguntas y dibujó respuestas.

La mañana siguiente me encontró descansado y a las 8:15 empecé a caminar. El sendero transcurre en dirección al cráter del volcán en subidas progresivas y a unos quinientos metros desde el refugio, aproximadamente, cambia de dirección hacia el oeste rodeando a la montaña. El sol, tibio aun, deja de estar a mi derecha y se acomoda indolente detrás de mi. Ese será su lugar durante casi toda la jornada de camino.

Apenas dos horas y media después veo, a lo lejos pero con toda nitidez, el río de lava. Tres brazos de material incandescente surgieron de la tierra y formaron un solo y caudaloso río. Afortunadamente de pocos kilómetros de extensión.

Ríos en desierto andino Puyehue

Su negro perfil engaña, congelado en un eterno movimiento estático, apenas se puede creer que esa pared mida entre 50 y 60 metros de altura.

La vista panorámica que dejo atrás también impacta. A mi espalda gran parte de la cadena volcánica de la región es como un ondulado escenario. De derecha a izquierda y con su cono blanco de nieves eternas esta el Osorno, luego el Puntiagudo, el Casablanca y en el extremo mas alejado el Cerro Tronador, limite entre Argentina y Chile.

El Valle esta completamente tapado por una densa capa de nubes y allí, donde normalmente se ven los Lagos Rupanco y Puyehue solo se percibe un blanco acolchado.

Sigo mi camino por momentos adivinando el sendero que pasos intemporales crearon y mantienen, larga serpiente que se ondula respetando los caprichos de la tierra. Algunas cañas señalizan la senda pero el desierto a veces las incorpora en su camuflaje y requiero un esfuerzo añadido de mi vista.

Aguas termales PUYEHUE

Dejo el faldeo de la montaña y me introduzco, casi sin darme cuenta, en pleno desierto andino aproximadamente a 2000 metros de altitud. El paisaje es inhóspito y el silencio tiene entidad propia, sin embargo la sensación difiere de la soledad. Creo que estoy conectado a las dunas, el cielo azul y al susurro de la brisa.

El calor del sol ya es intenso y decido descansar un momento, llevo solo lo necesario pero aun así el peso es bastante. Una de las desventajas de viajar solo. Otra muy importante es el no poder compartir estas experiencias y las emociones que me producen.

Llevo aproximadamente cuatro horas de camino y noto, al principio, un cambio sutil, un ruido apenas audible diferente y extraño en ese lugar. Ya no solo es el viento, me parece oir el murmullo del agua.

De un agujero en un pequeño barranco brota agua fresca y es el comienzo de una herida verde que cruza sin remedio parte del desierto. Un oasis da vida a los helechos que dibujan una cinta a cada lado del curso de agua. El murmullo de las pequeñas cascadas me impulsa y al poco descubro otro río.

En un momento me encuentro caminado entre dos cursos de agua, en una especie de istmo que da una perspectiva casi irreal de dunas ocres, aguas azules y el verde brillante de la vida. Estoy alegre y ya casi ni siento el peso de la mochila, vivo este momento con mucha intensidad. Me falta poco para llegar a destino y vadeo el agua mojándome hasta la rodilla; buen momento para otro descanso y para darle tiempo que los calcetines se sequen un poco. Poco después y ya casi llegando a Los Baños empiezo a ver las fumarolas, especies de chimeneas naturales que emiten humo sulfuroso, y que indican una sutil actividad volcánica. Es increíble ver las vertientes de agua termales y sentir la temperatura del agua verdaderamente caliente.

Monto la tienda a la orilla del río y me dispongo a comer queso y un rico salami, estoy hambriento!!! Las aguas del río y la de la vertiente termal confluyen y de manera natural se crea una poza que me permite darme un baño. La sensación es fantástica y mi cuerpo me agradece este lujo. El resto del día y parte de la mañana siguiente me dedico a explorar el entorno y descubro el nacimiento de otro río y fumarolas mas cercanas.

Una familia de patos silvestres se asombra de verme y sin quererlo me dan otro motivo para alegrarme el día. Me encanta ver animales en su entorno e imaginarme que realmente podemos vivir respetando su hábitat.

El paisaje me sigue asombrando y el cielo azul es el marco adecuado que perfila las dunas en una ondulación sin fin de luces y sombras.

Autor: Gustavo Guzmán

www.amuyen.es

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